Danza, dignidad y encuentro en Asturias

Cuatro días de encuentro, de amistad y de alegría compartida. Así podemos describir la estancia de Kike Figaredo y sus gentes camboyanas en Asturias. Entre el 1 y el 4 de octubre, el jesuita asturiano —prefecto apostólico de Battambang— volvió a casa acompañado de 33 jóvenes de la Escuela de Baile Tradicional de Tahen. Venían sobre todo para agradecer 25 años de apoyo a la misión en Camboya a través de la ONG Sauce. La gira “Danza, dignidad y encuentro”, que continuará su andadura por Madrid, Málaga y Sevilla, arrancó aquí, en casa, para Kike. Un viaje en el que ha podido encontrarse con sus dos familias, como él la describe, la de sangre y la jesuítica. Y para el que ha contado con la ayuda de la familia ignaciana, de las instituciones y de tantos que de distintos modos han querido apoyar. El grupo se alojaba en el camping de Deva, que ha facilitado en Asturias toda la logística con enorme generosidad.

El jueves 1 de octubre el grupo empezó el día en el Colegio de la Inmaculada, donde hace ya tantos años el propio Kike estudió. Los alumnos de Bachillerato hicieron de guías. Los camboyanos recorrieron aulas, patios y el paraninfo preguntando y observando. “Se me juntan mundos”, decía Kike. Terminaron la mañana con un rato de bailes para todo el colegio. Por la noche, el Teatro Jovellanos se llenó con unas 700 personas. Sobre el escenario, vestuario tradicional, música en directo y diez danzas: de la bendición al baile de los refugiados, pasando por el Kroma de las telas multiusos, la cosecha y la paz. Impresiona y al tiempo fascina ver esos bailes donde se baila también desde las sillas de ruedas, porque las personas somos capaces de salir adelante, con todas nuestras heridas. La alcaldesa Carmen Moriyón y la vicealcaldesa Ángela Pumariega estuvieron entre el público. Figaredo subió a las tablas para dar las gracias: Gijón, dijo, siempre ha ayudado a sacar adelante los proyectos de Sauce. Las entradas, a 12 euros, se destinaban íntegras a financiar proyectos de Sauce en Camboya.

El viernes 2 el encuentro fue en el San Ignacio de Oviedo. Allí, la eucaristía de inicio de curso reunió a todos los alumnos del centro en el polideportivo. Los jóvenes de Tahen bailaron el Santo, el Padrenuestro y la oración de bendición. Kike, en su homilía, insistió en dos ideas. La cantidad de cosas maravillosas que se pueden conseguir cuando trabajamos juntos, y la importancia de tener -como las jirafas- un corazón enorme y altitud de miras. Regaló al colegio una pequeña jirafa, para recordarlo”. A continuación los camboyanos, acompañados por voluntarios españoles de Tahen, tuvieron encuentros con los alumnos de bachillerato antes de terminar comiendo en el colegio.

El sábado 3, a medio día, hubo misa en la basílica del Sagrado Corazón de Gijón, presidida por el arzobispo Jesús Sanz Montes. Después, en el restaurante Marieva, la Hermandad Nacional Monárquica entregó a Figaredo el V Premio Rey Pelayo a los valores sociales y culturales. El domingo 4 en San Julián de Somió, la parroquia donde Figaredo fue bautizado, confirmado y celebró su primera misa, la fiesta de la Virgen del Rosario se dedicó al grupo. La lluvia anuló la procesión, pero no el encuentro.  

Por la tarde, a las seis, el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo acogió la segunda función asturiana. Una variada concurrencia llenó la sala de cámara del auditorio, donde, introducidos por el propio Kike, por voluntarios y por algún jesuita, se fueron presentando bailes que reflejan la vida cotidiana de Camboya: los kromas, los cocos, los abanicos entre otros.

Todo el viaje ha sido una ocasión privilegiada para que la familia ignaciana de aquí pueda ensanchar la mirada y ser consciente de cómo el mundo es un lugar habitado y que tiene música que hace que todos podamos bailar, incluso con las alas quebradas. Y un ocasión de servir. Gracias a todos los que habéis contribuido, con organización, planificaciones y dedicación. Y, sobre todo,  ¡Gracias, Kike, por tu testimonio!

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