Crónica de una semana habitada

Hay semanas en las que el horario escolar se rinde ante la vida. En los colegios de la Compañía, una de estas citas marcadas en rojo es la Semana Ignaciana, que precisamente estamos celebrando estos días en Asturias. No se trata de una simple sucesión de eventos, sino de un despliegue de identidad; es el momento en que el colegio se detiene para reconocerse en su propia historia.

La mirada del asombro

Todo empezó con un asombro. Tres profesores, encarnando a los fundadores de la Compañía, cruzaron las puertas de Infantil. Ver a Ignacio, Francisco y Pedro Fabro caminando entre los pasillos es, sobre todo, ver una amistad en el Señor. Ahí estaba Ignacio, el hombre que supo detenerse para mirar dentro; Francisco, con la urgencia del horizonte en sus pies; y Pedro Fabro, con esa discreta caridad que pacifica los corazones.

Al caminar juntos, lo que los niños percibían no era un disfraz, sino una comunidad. No había duda: esos tres hombres de barbas y sayales eran los amigos de Jesús que venían a contarles que el mundo es un lugar por descubrir y amar.

El tour por Primaria

Sin embargo, el momento más revelador de la semana fue el Tour por Primaria. Existe una belleza humilde cuando un alumno de quinto explica a uno de primero quién fue Arrupe, o cuando los de tercero narran la herida de Pamplona como si la hubieran sentido propia. En este ejercicio, los niños dejan de ser receptores de información para convertirse en narradores de esperanza. Al ver a tres alumnos de cada curso salir al encuentro de sus compañeros para “contar la Compañía”, uno comprende que el Magis no se enseña, se contagia.

La voz de la interioridad

La semana también ha tenido su frecuencia modulada propia a través de la radio escolar. En un programa especial —que ya habita en el silencio de los podcasts para quien quiera rescatarlo— escuchamos reflexiones que no nacían de los libros, sino del discernimiento compartido sobre la realidad de los migrantes junto a Lalo Anaya. La radio fue, en ese instante, el altavoz de una interioridad que pedía salir al encuentro del otro.

Amigos en el Señor

Como todo camino ignaciano busca el encuentro, terminamos donde todo cobra sentido: en el polideportivo, convertidos en una sola familia que reza unida. Allí, entre el murmullo de cientos de voces, el silencio se hizo presente para celebrar la Eucaristía colegial. No fue un acto de clausura, sino de envío.

Al cerrar la semana, los disfraces volvieron al baúl y los micrófonos se apagaron, pero el fuego —el mismo que Íñigo supo prender a orillas del Cardoner— sigue encendido en los recreos, en los cuadernos y en las miradas renovadas de nuestros alumnos. Porque en Asturias hemos recordado que ser ignaciano es, sencillamente, descubrir que Dios habita en todas las cosas. Incluso en un lunes de disfraces. Al final, educar en Compañía es esto: enseñar a nuestros alumnos que ellos también están llamados a ser, hoy mismo, amigos en el Señor.

David Vázquez
Profesor del Colegio San Ignacio-Oviedo

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