Libres para servir, para amar y para esperar

La Semana Santa, como es habitual en los colegios, se aprovechó para vivir una Pascua Joven con alumnos y alumnas de bachillerato de los colegios del noroeste de España ya que pertenecemos a la misma Fundación tras la reorganización de obras educativas. Cuatro jesuitas y ocho laicos y laicas de los equipos pastorales habían estado preparando la Pascua en las semanas previas, coordinados por Antonio Bohórquez, jesuita del colegio de La Coruña.

Participaron más de 60 jóvenes de los colegios de Valladolid, Burgos, La Coruña, Gijón y Oviedo.  45 de ellos venían de Gijón y Oviedo. Algunas actividades se compartieron con grupos MAG+S (mayores de 18 años) en su experiencia “Apertas” que se desarrolla alrededor de la acogida de peregrinos en Santiago, pero la mayoría de actividades de esta Pascua Joven se realizaron aparte en el albergue San Francisco Javier, frente a la comunidad jesuita del colegio mayor San Agustín, y las celebraciones litúrgicas se hicieron en la iglesia de San Benito junto con la feligresía de esa parroquia.

La Pascua fue ayudando a vivir sentimientos y reflexiones diferentes cada día de la Semana Santa, pero bajo el mismo eje de la libertad (“Para la libertad nos ha liberado Cristo”, Gal 5, 1): Libres para servir (Jueves santo), Libres para amar (Viernes santo), Libres para esperar (Sábado santo) y Libres para vivir (mañana del domingo). Todas las celebraciones iban precedidas de una catequesis y ensayo de cantos. Cada día comenzaba con una motivación y explicación de lo que se pretendía en esa jornada. El equilibrio entre celebraciones, silencio y oración, por un lado, y dinámicas, cantos y juegos educativos, por otro, logró integrar toda la experiencia en el marco de lo que significa Santiago de Compostela: peregrinación y apostolado.

Experimentar el lavatorio de los pies entre nosotros; adorar la cruz como signo del amor de Jesús y como recuerdo de tantos crucificados de hoy; caminar de dos en dos hasta el Monte del Gozo, como los discípulos de Emaús, celebrando allí el sacramento de la reconciliación con cuatro jesuitas que se ofrecieron para las confesiones; alegrarnos con el fuego de la resurrección y sentirnos hermanos por el agua del bautismo… todo ello en amistad con Cristo y entre nosotros, ha sido una experiencia que será perdurable si en la vida cotidiana seguimos fieles a Jesús como lo fue el apóstol Santiago que teníamos tan cerca. Para ello fue necesario dejar a un lado los móviles, abrirnos a la sorpresa de una Pascua de la que los jóvenes desconocían cada paso siguiente, y compartir también las celebraciones con feligreses de la parroquia de San Benito. En definitiva, fue una gran experiencia de fe. ¡Que la alegría de la resurrección nos haga acoger con gozo los frutos de esta Pascua!

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