Misa ignaciana

Varias veces al año el colegio entero se junta para compartir una eucaristía. Suele ser en el polideportivo, que es el espacio donde mejor acomodo hay. Así arranca el curso, también celebramos la Navidad… Y, cómo no, en la semana ignaciana se culmina el recorrido de esos días con una celebración conjunta. Así fue el pasado viernes 6 de marzo. El colegio entero se reunión para evocar la memoria de Jesús y la de esta Compañía que le sigue. Lalo Anaya, jesuita mexicano que está durante este mes en los colegios asturianos, presidió una celebración preparada con mucho cuidado por el equipo pastoral del colegio.

En su homilía, con base en la parábola de los viñadores homicidas (Mt 21,33-43.45-46), Lalo habló de los líderes que rechazaron a Jesús como Mesías, simbolizados en los labradores que se apropian de la viña de Dios (la humanidad) y eliminan a los profetas y al Hijo. Le sirvió para hacer un paralelismo con las fuerzas del mal —codicia de riquezas, afán de poder, polarización, injusticias, corrupción, impunidad y guerras— que oprimen y distraen de la conversión al Reino. Invitó a la generosidad y solidaridad en un mundo de inequidad donde unos pocos se enriquecen a costa de muchos, recordando que todo proviene de Dios y debemos compartirlo. Mencionó la intención de oración del Papa León XIV por la paz, el desarme interior y la reconciliación cotidiana. En Cuaresma, se nos anima a reconocer nuestras debilidades pero confiar en que Dios obra maravillas a través de nosotros, como en las acciones solidarias del colegio o las ayudas tras desastres. Destaca la importancia de hacer lo ordinario con amor (“En medio de los pucheros anda el Señor”, de Santa Teresa), ser contemplativos en la acción y servidores de los demás. Citó dos frases que cuelgan enmarcadas en la oficina de Pablo Cuesta —coordinador de formación cristiana del colegio— “El que quiera ser el primero que sea el servidor de todos” (eco de las palabras de Jesús en Mt 20,27) y “El trabajo sin oración se distancia de Dios. La oración sin trabajo se distancia de los seres humanos”, que subrayan la necesidad de unir servicio humilde, oración y acción concreta. Terminó sus palabras felicitando a alumnos, profesores, personal, familias y jesuitas por formar personas compasivas, competentes, conscientes y comprometidas —un “milagro patente”—, concluyendo con la oración de entrega total de San Ignacio: “Tomad Señor y recibid…”

No faltaron los más pequeños del cole vestidos de peregrino, evocando al de Loyola. El coro que semana a semana dirige Beatriz, reforzado con profesores y alumnos de bachillerato, acompañó y animó con entusiasmo y alegría una celebración que es ocasión de recordar esta espiritualidad que compartimos, AMDG

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