Un día en el museo

El teatro ha sido una actividad clásica en los colegios jesuitas, entendido como una poderosa herramienta pedagógica y pastoral ya desde el siglo XVI. Por eso es una alegría compartir esta crónica, que refleja que en tiempos nuevos hay algunas dinámicas que permanecen, para bien.

A las 14.30 del 25 de marzo, entre bambalinas y tramoyas, risas y nervios, se alzó el telón del colegio San Ignacio. Previamente un ir y venir de ilusionados acomodadores se afanaban en acompañar a autoridades y familias en el patio de butacas. Tras las cortinas, risas nerviosas; al fondo del salón nervios contenidos. ¡Prevenidos, arrancamos! Con las luces apagadas se hizo un gran silencio solo cortado por los avisos previos en diversos idiomas. El inicio de la función puso broche de oro al trabajo desarrollado en la unidad disciplinaria sobre el teatro, en la que 81 jóvenes de 6º de primaria indagaron sobre el arte de la actuación, las acotaciones, el vestuario, sonido, publicidad, invitaciones, programas, detalles…, cada uno en su papel, cada quien en su rol.

Los presentadores, el siguiente eslabón visible del proyecto, nos desgranan cómo han desarrollado los atributos del perfil de la comunidad del IB durante el trabajo y cómo han conseguido cumplir con las 4Cs ignacianas. Chicos y chicas para los demás, involucrados, formando un solo cuerpo, una sola voz que nos habla de una historia tan antigua como actual. De la mano de la autora Mónica Rodríguez, nos adentramos en “Un día en el museo”, una comedia burbujeante que hará reír a pequeños y mayores por igual. A lo largo de las escenas, una ayudante desvelará su valía invisibilizada por un pintor ostentosamente fracasado, una comisaria al borde de un ataque de nervios nos pondrá a prueba, un albañil con tanta maña como socarronería, nos sacará más de una sonrisa y los pillos ladronzuelos más de una carcajada; la cultura de unas reivindicativas limpiadoras hará palidecer al enchufado guía que intentará convencer con poco éxito a unas estudiantes de arte, unos turistas japoneses, cuya explotada guía pierde los nervios y una familia muy real; unas entrañables abuelas modernas, una cita que acaba en desastre, unos manifestantes indignados que acaban convencidos por su jefa y unos políticos más interesados en llenarse los bolsillos a costa de la baronesa que en resolver problemas…, en el centro de todo, un chorizo que se convierte en una inesperada obra de arte protegida por un vigilante con más buena intención que tino.

Todas estas son las luces del espectáculo, pero en la profundidad del trabajo diario es donde ha surgido el aprendizaje, los fracasos, la resiliencia, la solidaridad y el apoyo incondicional. En la rutina del aula han surgido las ideas y la cooperación, la preparación de los personajes y los castings; con ellos la superación del primer escollo, sobreponerse a la decepción de no salir elegido para el papel.

Mientras los actores ensayaban, las comisiones se pusieron a desarrollar su labor: decorados pensaba en cuadros, vestuario y atrezzo buscaban ideas, luz y sonido diseñaban atmósferas y publicidad comenzaba a elaborar programas, invitaciones y detalles.

Los maestros hemos sido una vez más los afortunados espectadores del espectáculo del aula, viendo el desarrollo de competencias de nuestro alumnado, trabajando día a día para llevar a buen puerto un espectáculo que brilla con luz propia. Hemos tenido el privilegio de volver a vivir el milagro de descubrir los talentos escondidos dentro de nuestro alumnado y cómo sus dones van poco a poco saliendo para servir a los demás. La magia del teatro hace confluir la vasta tradición de la pedagogía ignaciana con  la moderna pedagogía del Bachillerato Internacional en una misma dirección, en la que nuestros alumnos y alumnas demuestran ser Competentes, Compasivos, Conscientes y Comprometidos y tener una mentalidad internacional. Los docentes, en la retaguardia, dando una puntada aquí y otra allá, para que el traje encaje bien y luzca perfecto, facilitando, apoyando, animando y, como no, asombrándonos de la poderosa capacidad creativa de nuestro alumnado cuando se le posibilita demostrar su agencia.

El camino no ha sido fácil, tampoco lo hemos hecho solos, hemos contado con la inestimable colaboración de muchas personas que han aportado sus talentos. Y como en tiempo de desolación no debe hacerse mudanza, sino persistir en la tarea, al final del camino siempre llega la satisfacción del trabajo bien hecho y el orgullo de haber formado parte de un proyecto en el que 6º de primaria ha tomado una sola voz. Estamos seguros de que Ignacio asentiría sonriente al ver cómo nuestros pequeños han salido del trance no solo más sabios sino mejores.

(Equipo de tutores de 6º primaria)

Noticias relacionadas

Levantar el vuelo

Levantar el vuelo

El jueves 21 de mayo toda la comunidad educativa del San Ignacio se juntó en el polideportivo para despedir a la promoción de 2bach, que termina...