Covadonga, destino de peregrinos


Un año más, un grupo de madres y padres del Colegio de la Inmaculada de Gijón se echaron a caminar hacia Covadonga. Una Peregrinación que organiza el Grupo de Montaña del Colegio desde el año 2008.

Todo comenzó con un grupo de padres en bicicleta, pero pronto se transformó en la peregrinación que todos conocemos hoy, donde madres y padres comparten, cada uno a su manera, un camino muy especial, convirtiéndose con el tiempo en un encuentro muy esperado. Este año fuimos 114 peregrinos en total, unidos por el mismo deseo de caminar hacia la Santina y poner en sus manos nuestras alegrías, preocupaciones y agradecimientos.

La peregrinación se vivió a distintos ritmos. Algunos realizaron tres días completos de caminata saliendo el viernes temprano desde el patio de la Virgen del Colegio, mientras que otros se incorporaron al día siguiente en Amandi. Pero más allá de las distancias recorridas, todos compartimos el mismo espíritu: caminar juntos y disfrutar de cada conversación, cada silencio y cada momento vivido a lo largo del fin de semana, compartiendo ese “camino”, esa vida, que todos llevamos en el corazón.

Este año un protagonista inesperado fue el calor que nos acompañó intensamente durante todos los días, haciendo el esfuerzo aún más exigente. Sin embargo, también fue una oportunidad para aprender a cuidarnos unos a otros, para acompañar con palabras de ánimo, esperar al que iba más despacio y animar con una sonrisa cuando las fuerzas flaquearon. Porque esta peregrinación no es solo una marcha; es también una experiencia de comunidad y de amistad.

Disfrutando de la naturaleza y de la buena compañía, hubo tiempo para pensar, recordar y mirar hacia dentro. Tiempo para la diversión y la alegría, pero también para otros momentos más personales y de reflexión. Muchas caminaron llevando en el corazón nombres, situaciones, preocupaciones o peticiones. Cada uno hizo su propio camino interior mientras avanzábamos juntos hacia Covadonga.

Y finalmente llegó el momento más esperado: la entrada al Santuario de Covadonga. Allí, frente a la Virgen las emociones brotaron con fuerza. Hubo abrazos, lágrimas y miradas llenas de emoción. Después de tantos kilómetros, la Santina nos esperaba para escuchar todo aquello que llevábamos guardado en el corazón. Fue un momento de paz, de gratitud y de profunda alegría que, sin duda, quedará grabado en la memoria de todos los que participaron en esta peregrinación de 2026. 

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