Cantar juntos une.

Y eso es lo que pudieron aprovechar integrantes de los coros de las misas dominicales de Oviedo, Gijón y Madrid-Maldonado el pasado fin de semana en Villagarcía de Campos. Un taller conjunto, coordinado por José Mari R. Olaizola, SJ -que ha pasado por los distintos lugares-, para aprovechar y aprender canciones, conocerse y profundizar un poco en el sentido de cantar juntos. Además el sábado se sumaron algunos de los más veteranos de Valladolid, que aportaron un punto de solidez tras tantos años cantando juntos.

50 personas nos juntamos, y pudimos aprender cantos nuevos. Fue una enorme riqueza la diversidad de situaciones y edades. Desde los universitarios hasta los más veteranos. Alguna pareja recién llegada de su viaje de bodas. Otras ya con bebés o niños pequeños que se portaron de fábula. Algunos de los cantos eran nuevos para todos. Otros se sabían en alguno de los lugares y se fueron compartiendo.

El encuentro empezó el viernes. Tras la llegada y la cena, tuvimos un momento para presentarnos en el salón de actos y escucharnos un poco con algunos de los cantos que todos sabíamos. Después un buen rato social, para tomar algo, guitarrear, charlar… pero no hasta tarde, que había que guardar fuerzas. El sábado, tras el desayuno nos juntamos en la capilla. Un rato de oración nos ayudó a entender el sentido de ser «Cantores» desde el evangelio. Y ya a partir de ese momento comenzó la jornada. Una maratón verdaderamente exigente de ir aprendiendo. Pero el buen humor, el buen ambiente y la disponibilidad de todos ayudó a hacer de ese día una jornada fecunda y muy útil. Risas, afines, desafines, la intensidad del director de coro que no perdona una. Todo contribuyó a que el día fuera memorable. Antes de cenar nos juntamos a compartir la Eucaristía. A esa hora ya se había sumado también Alvaro Lobo, SJ que acompaña ahora al coro de Maldonado (Madrid). Tras la cena, ya descansamos -es un decir- para disfrutar de otro rato de tomar algo, conversar y, finalmente…. cantar (más). Hasta bien entrada la noche, cambio de hora incluido.

El domingo por la mañana lo dedicamos a repasar lo aprendido el día anterior, teniendo además la posibilidad de visitar el musero y la colegiata de Villagarcía, así como la habitación del Padre Isla… un buen paseo por la historia del lugar que disfrutamos todos.

Y tras la comida, cada mochuelo a su olivo, que tocaba cantar en las misas nocturnas. Y vaya que si se cantó.

Hasta la próxima.

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