Educar para la paz

Vivimos en tiempos de mucha crispación, de mucha dureza. Tiempos en los que hay guerra en muchos lugares, y se habla de más amenazas, rearme, carrera militar… No debemos dar por garantizada la paz. Y sin embargo es misión nuestra trabajar por ella, promoverla y ofrecerla. «Bienaventurados los que trabajan por la paz…» escucharemos el domingo 2 de febrero en la liturgia. Por eso tiene todo el sentido el que la celebración del día de la paz (el 30 de enero) se oriente especialmente a los más pequeños, como semilla que se siembra para que después pueda llegar a dar frutos de concordia, de respeto y de encuentro. Por eso, en el San Ignacio, se volcaron especialmente en infantil y primaria en ayudar a que el «Día de la paz» tuviera sentido y sea esa semilla sembrada.

Ojalá sepamos tratar bien a los demás, con buenas palabras, y sobretodo con una mano tendida para ayudar al que tenemos al lado.

Ojalá sepamos ofrecer una sonrisa, un gesto, para crecer siempre juntos y en armonía.

Y ojalá, si surgen problemas, seamos capaces de enfrentarlos y resolverlos con respeto y bondad.

Bienaventurados los que trabajan por la paz

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