Volver a «las aulas»

El sábado 20 de junio, las escaleras del Colegio San Ignacio de Oviedo se llenaron de vida. Más de ciento cincuenta personas —antiguos alumnos de distintas promociones, profesores y algunos jesuitas— se reunieron para ponerse un poco al día. Como cada año a estas alturas de mayo, el colegio San Ignacio celebraba el día tradicional de los antiguos alumnos y, en esta ocasión, además, los 25 años de la Asociación que los mantiene unidos. Lo bonito del encuentro fue ver cómo se mezclaban generaciones separadas por décadas. Y así se celebraban los 15, 25, 35 o 45 años desde haber salido de las aulas . Todos tenían la misma alegría y familiaridad al reencontrarse. Abrazos, fotos, risas, memoria de anécdotas y esa sensación de vuelta a un lugar donde tanto se vivió. El ambiente fue festivo. La jornada empezó con la eucaristía, presidida por Daniel Villanueva (de la promoción de hace 35 años) que hoy dirige la red internacional de colegios Fe y Alegría en Latinoamérica, y concelebrada por Alfredo Flórez (de hace 45). Después vino el momento de fotos de familia -en conjunto y por generaciones- en las escaleras del centro, que para muchos evocan aquellos años de fotos de catálogo en los que se fue plasmando el paso de la infancia a la juventud.

A continuación, un encuentro más formal en el que representantes de las distintas promociones pudieron dirigir unas palabras. Lo que más se repitió durante la tarde fue la idea de que San Ignacio no es solo un colegio. Es mucho más. Los que hablaron en nombre de cada promoción coincidían en algo esencial: allí no solo aprendieron matemáticas o historia. Aprendieron a vivir, a relacionarse, a descubrir quiénes querían ser. Uno de los portavoces lo resumió diciendo que el colegio les había dado una educación que iba mucho más allá de las aulas. Otro recordó que “un colegio no son las paredes ni las notas, sino las personas que te acompañan mientras te estás formando”. Hubo quien mencionó con cariño a profesores legendarios (como el Padre Blasco o Juanjo Azpetia) y quien dedicó unas palabras emocionadas a los compañeros y docentes que ya no están.

Gonzalo Álvarez, presidente de la Asociación, lo expresó con mucha claridad: el modelo educativo de los jesuitas marcó una diferencia real en sus vidas. Y se notaba que no lo decía por decir.En un mundo que cambia tan rápido, ver cómo un grupo de personas sigue volviendo al mismo sitio después de décadas es reconfortante. San Ignacio sigue dejando huella. No solo forma alumnos; crea lazos que duran toda la vida.

Al acabar, Gonzalo Lasa, actual director, acompañó a muchos que quisieron recorrer de nuevo los espacios en que estudiaron, entre nostálgicos y sorprendidos también por las transformaciones y novedades que el colegio ha ido teniendo en estos años.

Terminó el encuentro compartiendo un pincho en el comedor.

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