Este diferente fin de semana comenzó encomendándonos a la Virgen de la Inmaculada para acudir a Madrid no como turistas, sino como peregrinos conscientes.
Tras un viaje sin apenas tráfico y junto a nuestros compañeros de Oviedo, llegamos al Colegio del Recuerdo, donde una marea de voluntarios sonrientes nos ayudaron a ubicarnos y aterrizar (increíble el despliegue hecho por los profesores y padres de los dos colegios para facilitar todo, así como la organización de los mismos).
Comenzamos bien pronto con reuniones y grupos pequeños, donde ir preparando el corazón y la organización para lo que estaba por venir parecía fundamental, todo muy ignaciano, preparándonos por dentro y por fuera para no dejar escapar la experiencia al completo.
Noche de cena y fiesta donde nos mezclamos, cantamos, bailamos y reímos al ritmo de un DJ del recuerdo para terminar en la capilla con la recogida del día.
El Sábado comenzó trabajando más en grupos pequeños nuestras relaciones, como ellas y nuestra interioridad suman para construirnos, tomar consciencia y empezar a intuir por donde nos pide Dios caminar



Terminamos la mañana con una Eucaristía presidida por el padre provincial Enric Puiggròs, en la que nos envió a vivir con profundidad este encuentro
Ya de tarde caminamos hacia la plaza de Lima al sector C4 donde nos esperaban cientos de miles de personas, sobre todo jóvenes, en una comunión pocas veces experimentada aún en el seno de celebraciones religiosas, esto prometía.
Llegada del Papa, gritos, movimientos, miles de fotos pero sobre todo mucha alegría compartida, de la que no entiende de disimulos, allí todos sonreímos.
La vigilia tuvo de todo, momentos de música, momentos de adoración, de oración, de charla, rezamos juntos el rosario, cenamos, escuchamos y marchamos de allí tras muchas horas con el deseo de quedarnos mucho tiempo más.
El día siguiente comenzó a las 4:45 tras unas dos horas de sueño y siguió con un paseo por un Madrid casi vacío, llegamos y empezamos a percibir que el número de personas allí congregadas era aún mayor de lo esperado, nos hicimos con nuestra zona casi amontonados y disfrutamos de una de las eucaristías más especiales de nuestra vida, no solamente por el número, sino por las palabras del Papa, otra vez animándonos y poniéndonos tareas por delante, no tengáis miedo de ser cristianos y de decirlo, tended puentes, sed profundamente humanos y todos los mensajes sobrecogedores que habréis escuchado durante estos días.
Terminamos con una procesión del corpus en la que el Santo Padre se acercó a nosotros, para concluir con una adoración al santísimo y el canto del Salve por todos los allí congregados.
Experiencia única, profunda, histórica, podemos poner muchos adjetivos, pero sobre todo diría que de encuentro y muy muy humana, nos ha marcado un camino de encuentro, que seamos capaces de seguir sus pasos.
Que nunca olvidemos “Alzar la Mirada”












