Como ya viene siendo tradición, el final de junio es el tiempo en el que un buen grupo de alumnos de 4ª ESO , acompañador por un equipo formado por profesores, monitores universitarios y jesuitas, hacen el camino de Santiago. Una buena forma de despedirse de la ESO, antes de entrar en el verano y con el bachillerato ya en el horizonte.
53 personas nos juntamos este año. 13 acompañantes y 40 estudiantes (21 del San Ignacio y 19 de la Inmaculada), nos lanzamos al camino el pasado 23 de junio, comenzando en Laza (en la provincia de Orense). Es un arranque guapo y exigente, porque comienza ese día subiendo la enorme cuesta que va de Laza a la Alberguería (lugar donde hacíamos noche), y es una buena prueba de lo que nos espera. Así que esa jornada se vuelve un toque de atención de que esto va en serio. Pero, ¿quién dijo miedo?
Tras Laza se van sucediendo las jornadas. La Alberguería – Xunquiera – Orense – Cea – Lalín – Silleda – Boqueixón (Lestedo) y finalmente Santiago de Compostela. Un camino exterior marcado por el buen humor, la camaradería y el ir haciendo grupo. También por cierta austeridad a la que no estamos tan acostumbrados, durmiendo a menudo en el suelo, viajando con poco, en definitiva agradeciendo lo que haya, sea mucho o poco. Y también con intentar vivirlo con sentido para que sea ocasión de crecer por dentro, como personas y en el camino de la fe que también nos guía. Por eso, tras los madrugones y largas caminatas de la mañana -y en alguna ocasión hasta media tarde- siempre hemos tenido ocasión para ir haciendo alguna dinámica, momentos de reflexión y de grupos, o poder celebrar la Eucaristía… Y a través de todo ello, miradas a temas básicos de la vida como el equipaje que llevamos por la vida, las huellas que dejamos, el valor de la creación, la necesidad de vivir reconciliados, la importancia de los compañeros de camino, y tanto más
Y, por supuesto, la música. Los cantos nos han ayudado mucho a celebrar, a disfrutar y a divertirnos juntos, incluso cuando el cansancio de las largas jornadas podría pesar más.
Muchas gracias a todos los que se esfuerzan cada día por hacer de la vida un camino y por ayudarnos unos a otros a crecer y a creer. ¡Ultreia, peregrinos!



















