La celebracion del Jueves Santo en la Iglesia del Sagrado Corazón ha sido ocasión para contemplar, celebrar y formar comunidad. Desde la mañana, en que el pregón congregó a un buen grupo de personas, que contemplaron el momento de nueve protagonistas de la Pasión y cómo su situación es un espejo y un reflejo de muchas de las nuestras.
En la tarde, la Cena del Señor fue una celebración vibrante y oracional. En un silencio absoluto, pese a que la Iglesia estaba abarrotada, la eucaristía fue el momento de ir evocando esa última cena de Jesús. Un equipo muy grande de personas están ayudando estos días. Gente de Asturias y gente que se ha acercado, de distintas edades, en distintas situaciones vitales, reflejando lo que puede y debe ser una comunidad eclesial. La música, los gestos, la presencia de quienes fueron preparando y evocando el lavatorio y la última cena, permitieron que la memoria fuera oración. Vemos hoy -dijo en su homilía José María R. Olaizola- muchos gestos que se convierten para nosotros en invitación a reconocerlos también aquí y ahora. Las manos que sirven, de tantas maneras, las que acogen, sin exclusiones ni intocables, y las que parten el pan para darse. Esas han de ser también las nuestras.
Por la noche, ya a las once, la Hora Santa reunió de nuevo a una comunidad serena, que evocó Getsemaní y a través de las palabras, el canto y el silencio se asomó a ese comienzo de la Pasión.
MANOS DEL JUEVES SANTO
Que lleguen gastadas las manos
al fin de la vida
por haber acariciado el mundo,
por haber tocado a los impuros,
por haber curado llagas
y lavado los pies embarrados
de amigos y enemigos.
Manos fuertes
por haberse interpuesto
en el camino de las armas,
por haber golpeado los muros,
por haber forjado puentes,
por haber partido el pan
que ha de saciar a tantos.
Manos curtidas en la brega,
en la siembra,
en el remar cotidiano.
Manos abiertas
para acoger la congoja
del que llora,
del que espera,
del que solo pide
un amor posible.
Que sean las manos hogar,
refugio y hoguera.
Y que cuenten,
en su idioma silencioso,
que no estamos solos.






