El segundo día del Triduo en la Salesas tuvo en el centro, como no puede ser de otro modo, la Pasión. Por la mañana, el Via Crucis congregó a un grupo numeroso de personas que pudieron contemplar el camino de la cruz con la ayuda de las imágenes de Sieger Koder y la reflexión sobre todo lo que se expresa en sus gestos. Una ocasión para pensar en lo que se vivió entonces, y en lo que se vive ahora.
Los oficios de la tarde, centrados en la Pasión, fueron una celebración profunda, sentida, con la cruz como centro y el momento de la adoración como clave. En la homilía se nos invitó a contemplar otras manos, que en este Viernes Santo también hablan, para mal o para bien. Las manos acusadoras de quien toda la vida exige a los demás sumisión y aquiescencia. Las manos huidizas de quien no quiere mancharse con la realidad. Pero también las manos traspasadas de quien da la vida, una vez más.
La oración universal fue ocasión para mirar al mundo amplio y comprender lo mucho que en él hay de cruz, para tanta gente que vive rota, herida, buscando sentido y trascendencia.
MANOS DEL VIERNES SANTO
Hay manos crueles.
Señalan, violentas,
apuntando al justo.
¡Que muera!
Se lava las manos
quien no se complica
ni con la justicia
ni con la verdad.
¡Que muera!
Aplauden, absurdos,
quienes de todo
hacen un espectáculo.
Libera a Barrabás.
Y ese, ¡que muera!
Agarran el látigo,
trenzan las espinas,
despojan de ropas,
empuñan el mazo
o clavan en cruz, las manos serviles
de quien obedece
a normas injustas.
¡Que muera!
Pero hay otras manos
que ofrecen alivio,
enjuagan el rostro,
comparten el peso,
acogen un cuerpo,
esconden el rostro
surcado por lágrimas,
o se alzan al cielo
en muda plegaria.
Y luego, sus manos,
traspasadas.
¿Dónde están las tuyas?





